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Akhenatón y su esposa Nefertiti pasaron a ser los monarcas más conocidos de la era faraónica. Su tarea reformista, no sólo en el ámbito artístico sino también en el terreno religioso, ha dejado una huella si más no curiosa, dada en un corto pero intenso período de tiempo. Tras la muerte del rey, las creencias tradicionales fueron restablecidas. Una nueva etapa, tanto artística como religiosa, se abrió con la llegada al trono de este personaje. Amenofis IV, más conocido con el nombre de Akhenatón, segundo hijo de Amenofis III, de la XVIII dinastía, fue considerado el primer renovador religioso que impuso una doctrina monoteísta. Es probable que su padre pensara en su hija Satamón como posible
sucesora. Así lo demuestra no sólo el mayor protagonismo que ésta
cobra ante su hermano, sino también por la posesión del título de
"Esposa Real" que recibía toda heredera. Pese a esto, Satamón,
después de la muerte de su padre, desapareció de las escrituras y su
hermano accedió al trono. |
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Ésta fue hecha realidad en sólo dos años y abandonada a la muerte del
faraón, momento en que se restablecieron las creencias y las formas
tradicionales que este revolucionario personaje consiguió borrar en vida
pero no en muerte. La anarquía de este faraón llegó a tal punto que su
nombre lo sustituyó por otro, y así Amenofis IV se hizo nombrar
Akhenatón (útil a Atón).
El reflejo artístico
Este se aproximaba más a un ser humano, a un padre de familia y no
al concepto de divinidad. La idealización faraónica se verá fuertemente
atacada por un naturalismo creciente. Hasta la manera de representar a
la divinidad varía: Atón se muestra simplemente como un disco solar
con muchos rayos acabados en pequeñas manos humanas. Hacia
una nueva visión de los templos
Escasos
y mal conservados son los restos de los templos amarnianos. A la muerte
de Akhenatón, sus sucesores se esforzaron en recuperarla tradición, viéndose
destruidos la mayoría de los templos de Atón. Sus partes fueron
reutilizadas para nuevas construcciones, llegando a la actualidad los
escasos cimientos que los formaban. Pese a ello, a través de relieves y
pinturas, puede realizarse una reconstrucción imaginaria de lo que
tiempo atrás formaba el alzado de estas construcciones. Karnak, sin duda, fue un lugar de intervención. Akhenatón dispuso al este del muro exterior del recinto su propio templo dedicado a Atón y llamado Gem‑Pa‑Atón. Éste estaba formado por patios descubiertos, tomando la idea de los templos solares de la V dinastía. La construcción estaba formada por pequeños bloques de caliza, conocidos como "talatatos". Esta técnica de construcción, basada en bloques de pequeño formato a modo de ladrillos, es típica de esta época amarniana. En Tell el Amarna, Akhenatón dispuso un témenos o terreno dedicado a la divinidad llamado Per-Atón (casa de Atón), situado en el centro de la ciudad. En este lugar se orientó hacia el oeste un templo, construido a cielo abierto, de 210 m de largo y sólo 32 de ancho, formado por una sucesión de seis patios abiertos con un doble pilón de entrada. A 300 m más atrás de este gran templo, en el interior del recinto y también orientado hacia el oeste, se erigió otro templo de dimensiones más reducidas. Éste se caracterizó por la presencia de colosos "osiríacos" del rey en la sala hipóstila, a continuación de ésta se abría un patio con un altar en el centro y rodeado de capillas. A la muerte del monarca, la ciudad se abandonó para siempre y los templos se destruyeron y fueron reutilizados por los reyes de las siguientes dinastías. EL
ARTE NATURALISTA
Tanto
en el terreno de la escultura como en el de la pintura y el relieve, es
donde mejor se pueden apreciar las características del arte amarniano.
Amenofis N fue el artífice creador de una nueva manera de expresión
que desaparecería a la muerte del monarca. Entre las piezas halladas de
este período se encuentran algunas de las obras de arte más bellas de
toda la época faraónica. El rey creó sus propios y nuevos
convencionalismos. Akhenatón: la búsqueda de la verdadLa
revolución religiosa de Amenofis IV (Akhenatón), tuvo importantes
repercusiones en el terreno artístico. Fue el creador de una nueva
tendencia dentro de las artes; él puso las normas y los artesanos le
obedecieron. La búsqueda de la verdad debía ser total y las
representaciones de otras divinidades que no fueran Atón, su dios,
tenían que extinguirse. Las figuras debían ser lo más fieles posibles
a la realidad, finalizando las idealizaciones tan típicas de períodos
anteriores. El egocentrismo monárquicoEn
este nuevo momento, la estatuaria privada quedó relegada a un segundo
plano. Pocas son las muestras encontradas en este reducido ámbito y las
que existen quedan eclipsadas podas que representan a los familiares
cortesanos. Puede verse cómo la escultura áulica es la protagonista
del momento y la que predomina en los talleres de la capital de Tell el
Amarna. Pero no es la representación fría, rígida y convencional
existente hasta ese momento; a partir de entonces y hasta la muerte del
faraón, la familia de Akhenatón se mostrará natural, cálida, de un
realismo que extraña y sorprende a aquellos que han visto las obras de
las dinastías anteriores y posteriores. El monarca anuló toda
representación divina que no fuera la de su dios. La imagen de Atón
era un simple círculo solar del cual salían largos rayos a modo de
extremidades y manos. La dificultad de representar esta divinidad en
tres dimensiones, hizo que el dios de Amenofis
IV se viera plasmado sólo en pintura y relieve. De esta manera, en lo
que al ámbito de la escultura se refiere, las imágenes tradicionales
quedaban cerradas a Akhenatón y su bella esposa Nefertiti. Los convencionalismos amárnicosPese
al intento de plasmar la realidad, las figuras de este período
presentan unas marcadas características comunes, los rostros son
extremadamente largos, tienen carnosos labios y ojos almendrados
colocados en diagonal. Las cabezas suelen presentarse de forma
exageradamente ovalada; a título de ejemplo, baste mencionar el busto
de Nefertiti del Museo Egipcio, Berlín. Los cuerpos tienen una gran
plasticidad y riqueza. Sorprenden las marcadas curvas que en ellos se
manifiestan. El vientre y las caderas son redondas y suelen mostrarse de
igual manera en todas las representaciones. Incluso el faraón se
esculpe con estas formas tan femeninas. Este hecho responde más a un
motivo ideológico que estético. Akhenatón había de ser la imagen del
dios Atón en la Tierra. El dios, como creador que era de todo lo
terrestre, simbolizaba tanto el sexo masculino como el femenino, por
este motivo las representaciones del monarca plasmaban los dos sexos. El
faraón en numerosas ocasiones se muestra representado como un niño.
Algunos teóricos opinan que las imágenes infantiles tienen un papel
importante dentro de la doctrina religiosa del faraón, Es quizás, por
este motivo que las cabezas se esculpían de forma apepinada, rasgo que
poseían los recién nacidos. Esta característica, unida a la de la
ejecución de unos cuerpos "hermafroditas", dan como resultado
unas figuras no realistas y completamente idealizadas. Los hallazgos escultóricosTanto
los templos como las muestras de escultura, relieve y pintura, fueron
enormemente dañadas en las dinastías que siguieron a Akhenatón. Su
arte fue considerado un sacrilegio, y por consiguiente tenía que ser
destruido. Pese a ello, en la actualidad se han podido encontrar restos
de pinturas y relieves así como fragmentos de estatuas. De
entre las más importantes representaciones del faraón, están los
colosos del monarca hallados al este del templo de Karnak. Se trata de
estatuas osiríacas destinadas a los pilares del citado templo. La ambigüedad
sexual de este ser se ve reflejada a la perfección en estas creaciones.
Forman parte del primer período del arte amárnico, momento en el que
las convenciones tienden a una exageración extrema. Dos cabezas
moldeadas en yeso fueron amontonadas en el taller de Tutmés, escultor y
jefe de artesanos, pero de este taller se sacó el más perfecto y bello
busto jamás realizado. Se trata del busto de la reina Nefertiti,
actualmente en el Museo Egipcio, Berlín, símbolo de belleza y perfección.
A Nefertiti también se le atribuye un torso, actualmente en el Museo
del Louvre, descubierto en Tell el Amarna, lleva un vestido plisado, prácticamente
invisible, que deja ver las caderas y pechos típicos de la primera
etapa amarniana. El
culto a la familia y a Atón
También
poseía un lugar destacado en ellas el continuo homenaje al dios Atón,
que era representado, como se ha descrito, como un disco solar del cual
salían rayos acabados en pequeñas manos que ofrecían protección al
rey. Esta adoración al dios solar constituyó un problema en la
estatuaria, ya que los artistas amárnicos nunca supieron representar de
forma tridimensional esta divinidad. Quizá por esta "deuda"
decidieron que fuera un motivo casi indispensable en todas las obras
bidimensionales. El
segundo problema se encuentra al intentar mostrar un fondo naturalista.
Desde el principio, los egipcios no supieron resolver con maestría la
confección de los paisajes y continuamente lo evitaron con fondos homogéneos
o con un número reducido de símbolos estereotipados. Pero al llegar el
período amárnico, la veneración hacia el dios Amén como creador de
todo lo que anda, vuela y nada, de los árboles y los ríos hizo
necesaria la existencia de todas estas obras divinas en las
representaciones. Y, así, estos fondos naturalistas se convirtieron en
una constante en los relieves. Los
relieves: soportes de una nueva doctrina
Para
comprender mejor toda esta revolución política, religiosa y artística,
se descubren algunas de las obras más importantes. Muy
habituales durante esta época fueron los "talatat", bloques
de piedra de unas medidas establecidas ( 54 x 24 cm y 20 cm de espesor)
que servían para las representaciones retratísticas del faraón y de
la reina. Tan fuertes eran los convencionalismos adoptados, que en estos
retratos muchas veces es difícil diferenciar al rey de la reina, para
hacerlo hay que fijarse en si existe alguna inscripción aclaratoria; si
no la hubiere, un buen sistema es identificar el personaje femenino con
la figura que lleve un uraeus doble sobre la frente, y la masculina con
la que tiene la línea del cuerpo convexa. Las
pinturas y relieves no solamente decoraron las paredes de tumbas y
palacios, sino que también se extendieron por las fachadas de los
templos. Tras el éxito conseguido con los relieves de Akhenatón, los
faraones posteriores decidieron utilizarlos como un buen soporte para su
propaganda política, como Tutmosis III, en Karnak y Ramsés II, en
Luxor. EL RETORNO A LA NORMALIDADAmenofis
IV (Akhenatón) murió en el año 1347 a.C., pero no pereció solo, con
él desaparecieron también los talleres que había fundado y con ellos
sus producciones. La capital, Tell el Amarna, pasó en poco tiempo a ser
una ciudad fantasma. Aun así, aunque las tradiciones artísticas fueron
retomadas, el nuevo arte no pudo ser borrado por completo y su huella
marcó algunas de las producciones de las épocas posteriores. Ciertas
características propias del arte amárnico vuelven a encontrarse. ¿Qué
salió mal? Todo
marchaba a la perfección. Las artes plásticas transmitían un mensaje
de paz y de calidez. La familia real era un ejemplo a seguir por todos.
Tanto el rey como la reina se mostraban afectuosos entre ellos y con sus
hijas. La vida era apacible y alegre. El hombre egipcio se interesaba
por la vida, sí, pero tanta o más importancia le daba a la muerte y
esto, la doctrina amárnica, no lo tuvo presente. Al negar el politeísmo,
Akhenatón enterró y olvidó a Osiris y a su reino de ultratumba. Los
enterramientos seguían efectuándose como antes, los difuntos eran
acompañados por su correspondiente ajuar funerario, pero ello carecía
de valor alguno en la religión de Akhenatón. Ésta no ofrecía
consuelo alguno ni confianza en una vida después de la muerte y este
factor era esencial para la supervivencia del arte. La herencia de un olvidoEl
legado de Amarna, por mucho que se intentó, quedó introducido
inconscientemente en muchas de las producciones posteriores. Los objetos
hallados en la tumba de Tutankhamón son un claro ejemplo de la herencia
de la pasada época. En muchas de las representaciones del faraón se le
ve con el cuello proyectado hacia delante, abatido por el peso de la
corona, con la fisonomía muy marcada y con prominentes caderas, al
igual que las imágenes de Akhenatón. La manera de representarlos ojos
había cambiado durante el paréntesis naturalista, y en algunos casos
seguiría posteriormente. Los ojos eran subrayados con líneas de
maquillaje pintadas, no esculpidas, y las cejas eran mínimamente
esculpidas. También
en el terreno de la pintura y el relieve pueden encontrarse algunas
conexiones con la escuela amárnica. En la mayoría de las escenas
militares se aprecia la clara influencia del arte amárnico, como el
bajorrelieve procedente de la tumba de Horemheb de Saqqara, donde
aparece glorificado por su victoria. La
recuperación de la plástica tradicional fue el hecho más característico
de finales de la XVIII dinastía. El estilo amárnico dejó huella, sí,
pero en ningún momento puede pensarse que el esplendor de esa época
continuó en la siguiente. Tan sólo en ligeras formas pueden
encontrarse conexiones entre ambos períodos. Pero si bien la plástica
formal no llegó a tener la continuidad que se deseó en su momento, las
libertades que presenta la escultura y los relieves de esta época
tienen sin duda sus raíces en la tradición amárnica. La libertad artística
que presentan estas obras, así como la visualización de los
sentimientos con la ayuda de gestos y detalles, forman parte de la
herencia de la época posterior. Pero no todas las manifestaciones artísticas
tienen características amárnicas. En la decoración de la tumba real
de Horemheb, en el Valle de los Reyes, no se aprecia ninguna conexión
con el arte del período anterior. Su temática, aunque inacabada,
presenta un ciclo que se adoptará desde este momento y hasta finales de
la XX dinastía. La presentación del rey ante los dioses se hará igual
que antes; también se observan representaciones del "Libro de las
Puertas", con el dios solar viajando al otro mundo. Vuelven
las representaciones de escenas funerarias y de rituales como la
ceremonia de Apertura de la Boca y escenas del "Libro de los
Muertos". Las representaciones de extranjeros parecen realizadas
por artistas formados en la corte de Amarna. La variedad de personajes
se ve claramente en este tipo de escenas. Todos los rostros son
diferentes. Hay una voluntad de individualización que sólo podía
darse en artistas que conocieron el arte amárnico. El faldellín,
algunas cabezas calvas, el vientre abultado y desnudo son características
típicas del reinado de Akhenatón. |