Loch Ness -el lago Ness-, está situado en la región interior de Inverness, en el norte de Escocia. Tiene 36 kilómetros de longitud, hasta 2,8 kilómetros de anchura y hasta 225 metros de profundidad. En él nace el río Ness que desemboca en el mar -en el estuario de Firth-, en las inmediaciones de Inverness. Hasta 1933 fue uno más entre los lagos de Escocia, pero ese año se hizo famoso en el mundo entero: un extraño animal marino había sido visto nadando en sus aguas.  

En todas partes se habló del "monstruo". Algunos decían que eran historias inventadas por periodistas, otros, que sí había un animal desconocido; periódicos como el Times, sociedades científicas, el Museo Británico y hasta el Parlamento se ocuparon del asunto. Se habló de dragar el lago para capturar el monstruo, y el propietario de un circo llegó a ofrecer veinte mil libras esterlinas por el animal vivo.

Fue tanto el revuelo causado por la noticia, que el secretario de Estado para Escocia envió policías a vigilar el lago para ver al monstruo. Estos no consiguieron verlo, pero sí lo consiguieron otras personas; el Times publicó los dibujos que éstas hicieron y envió un corresponsal que entrevistó a cincuenta testigos de las apariciones.

Pronto fueron tantas las evidencias que ya muy pocas personas dudaron de la existencia del animal. Zoólogos ingleses y holandeses afirmaron que era indudable que en el lago existía un animal de una especie desconocida y que de ninguna manera podía decirse que eran "inventos sensacionalistas".

Pero, ¿de qué animal se trataba?

Primera aparición

La primera persona que notificó del monstruo fue la señorita Mary Hamilton, quien se encontraba paseando por las orillas del lago cuando vio un animal muy grande, de cuello largo y delgado y cabeza pequeña, que nadaba velozmente y sacaba de vez en cuando parte del cuerpo fuera del agua, y que medía, según sus cálculos, unos veinticuatro metros de largo.

Después de que esta noticia salió en los diarios, aparecieron muchas personas que decían haber visto también al animal. En septiembre de 1934, el zoólogo holandés, profesor Oudemans, había recopilado declaraciones de más de doscientos testigos presénciales y alrededor de seiscientas descripciones del "monstruo", recogidas en veintiuna localidades distintas, además de fotografías que mostraban sólo parte del. cuerpo, pues la mayor parte de él estaba siempre dentro del agua. En dos oportunidades se filmaron los movimientos del animal y una de las películas se proyectó en una reunión de científicos ingleses, los que coincidieron en que podría tratarse de una foca gigantesca. Otros científicos, como el zoólogo alemán, conde Vojkffy, piensan que no se trataría de una foca sino de una nutria gigante.

Apariciones posteriores

En 1934 muchísimas personas acudieron al lago a ver. a "Nessie", como se apodó al animal, pero muy pocos lo pudieron ver. Uno de los afortunados fue un inglés que viajó desde Hong Kong. El 27 de diciembre lo vio nadando con la cabeza fuera del agua durante unos veinte minutos y a unos ciento veinte metros de distancia. Según su relato, la cabeza de "Nessie" era como la de un caballo o de una foca. El color de la piel lo encontraron parecido al de un elefante o de una ballena, y la longitud fue calculada en unos 4,5 a 6 metros, y no los 24 de la observación de la señorita Hamilton.

El relato del estudiante

En contadas ocasiones el "monstruo" ha sido visto fuera del agua. La experiencia más interesante al respecto es la de un estudiante de la Universidad de Edimburgo llamado Grant, quien, la noche del 4 de enero de 1934, regresaba a su casa en moto, por la orilla del lago.

Esto es lo que cuenta:

"Salí de Inverness en moto a las doce y cuarto de la noche para volver a mi casa. Estaba lloviendo cuando salí de la ciudad, pero dejó de llover apenas transcurrido un kilómetro y medio y salió la luna. Era una noche preciosa. Pasé por Abriachan alrededor de la una de la mañana.

Y vi al monstruo por primera vez a unos noventa metros, en dirección a Drumnadrochit. Cuando noté su presencia, me encontraba a unos cuarenta y cinco metros de él. Lo vi como una cosa negra en la orilla derecha de la carretera. Vi que aquella cosa negra se ponía en movimiento y en el acto me pasó por la cabeza el pensamiento del monstruo. Detuve la moto y me dirigí hacia ese punto la luz de mi lámpara. Estaba entonces a unos veintisiete metros del animal, que, sentado en el borde de la carretera, movió la cabeza primero hacia la derecha y luego hacia la izquierda. Después se levantó y se me acercó un poco. La cabeza era el remate de una nuca cónica. Dio un salto que le llevó hasta la mitad de la carretera, avanzando mediante un movimiento aparentemente lateral de sus aletas posteriores, muy fáciles de reconocer, que estaban provistas de membranas natatorias, con las cuales se arrastraba también por tierra. Luego utilizó para afirmarse las dos aletas anteriores, bien visibles también, pero carentes de membranas natatorias. Vi al animal completamente, desde la cabeza hasta la cola. La cabeza parecía la de una serpiente, pues era pequeña y redonda. Lo que más impresión me causó fue el ojo, hundido profundamente en la cabeza, grande y lleno. El cuerpo no guardaba proporción con la cabeza. Sus grandes mandíbulas podrían sujetar perfectamente bien un cordero o una cabra. En el lomo presentaba dos pequeñas protuberancias, que, sin embargo, no pueden recibir el calificativo de jorobas. El cuerpo aumentaba de volumen por detrás como el de un canguro. .La cola era gruesa, estando un poco arrollada en su extremo; roma. La longitud total del animal desde cabeza a cola sería de unos 5,4 metros, no sobrepasando los 6. La piel presentaba un color entre gris oscuro y negro, semejante a la de una ballena. Por lo que pude ver, el animal salvó el borde izquierdo de la carretera y desde allí se lanzó al agua. Dejé mi moto y salí corriendo detrás de él, llegando a tiempo de verlo sumergirse en el agua. Se produjo una gran ola, como con el movimiento de un bote. Me dirigí a casa inmediatamente después, conté a mi hermano lo ocurrido e hice un boceto del animal que había visto".

Esta no ha sido la única vez que "Nessie" ha sido visto fuera del agua. El 22 de julio de 1933, el matrimonio Spicer lo vio en tierra, a unos quince metros de distancia. Llevaba algo en la boca, probablemente un gran pez.

En otra ocasión el animal parece haber salido del lago y viajado por tierra hasta el vecino lago Dechfour, donde fue visto el‑ 11 de junio de 1935 por la señora MacGrath. Luego habría regresado, puesto que seis días después fue visto otra vez en Loch Ness.

¿Más de un monstruo?

Existen algunas teorías que dicen que en Loch Ness habría más de un animal. Lo que induce a pensar así es que en una ocasión, el 2 de enero de 1934, fue visto casi simultáneamente, con una diferencia de una hora, en dos lugares distintos del lago, distantes entre sí unos 28 kilómetros. Sin embargo, los testigos coinciden en que nada a gran velocidad, por lo tanto es muy probable que alcanzara a cubrir los 28 kilómetros en una hora.

De todas maneras, el zoólogo Oudemans piensa  que es posible que hayan llegado al lago una pareja de estos animales, macho y hembra, o bien, una hembra y su cría.

Las Jorobas

Varias de las versiones de testigos oculares describen al misterioso animal con dos o tres jorobas o protuberancias en el lomo, situadas a cuatro metros de distancia entre sí. Entre estas versiones se cuenta la de muchas personas que lo vieron durante doce minutos el 14 de septiembre de 1934 junto a la localidad de Glen Urquhart, y quienes calcularon que su velocidad era de unos 48 kilómetros por hora.

Durante los dos días siguientes fue visto por tres personas que corroboraron lo de las jorobas. El 4 de octubre, dos señoras lo observaron durante más de media hora, distinguiendo con claridad tres jorobas en el lomo. También tres personas de Glen Urquhart, entre ellas el inspector de diques del puerto, que observaron durante cinco minutos al animal el 14 de febrero de 1935, hablan de "jorobas como barriles".

¿Existirán realmente estas jorobas?

Es posible que no, y que simplemente se trate de movimientos ondulatorios que realiza el animal cuando nada, pues, al parecer, cuando se detiene y cesan sus movimientos, las jorobas desaparecen.

Esta es también la teoría del testigo en una de las descripciones que se han hecho del animal, según esta noticia aparecida en el Highland News del 29 de noviembre de 1937:

"El monstruo de Loch Ness ha sido visto esta semana por el señor AM.S. Alexander, un oficial jubilado de los Zapadores Reales, que vive en Johnnies's Point y trabaja cerca del lago. La atención del señor Alexander fue atraída por una ola levantada por el monstruo cuando se deslizaba con rapidez por el agua, a unos cuarenta y cinco metros de distancia de la costa. La cabeza del animal no era visible, pero podía verse perfectamente la piel, que tenía a la clara luz del sol un color gris plateado. El animal avanzó paralelamente a la costa unos

ochocientos metros. El señor Alexander estima que el cuerpo de este animal podía tener unos .nueve a doce metros de longitud. A su juicio, las llamadas jorobas se deben indudablemente a un movimiento ondulatorio del monstruo cuando avanza. El lago estaba completamente liso en el momento de ser visto el animal, y la onda producida por éste continuó largo tiempo, chocando contra la orilla después de haberse alejado el causante".

Distintas versiones

Ni los naturalistas, que se dividen entre los que piensan que Nessie es una foca gigante, los que prefieren la nutria gigante, y un tercer grupo que opta por la posibilidad de que sea un plesiosaurio sobreviviente de pasadas épocas geológicas, ni los testigos presenciales, han podido ponerse de acuerdo respecto de la naturaleza del animal, ni de su aspecto.

He aquí algunos ejemplos:   Un monje de un convento de benedictinos, junto con otras ocho personas que contemplaron el monstruo durante media hora con prismáticos, también vieron tres jorobas y afirmaron que no se trataba de una foca ni de una nutria. Una familia que lo avistó el 15 de febrero de 1935, lo comparó con una oruga gigante de unos nueve metros de largo.

Tres personas que lo vieron el 19 de abril de ese mismo año durante veinte minutos cerca de Invermoriston, y a unos doscientos metros de la orilla, describieron su cabeza como la de una foca y el cuello, como el de una serpiente.

El 18 de agosto dos muchachas que lo vieron dijeron que su cabeza era como la de una vaca.

El 24 de mayo de 1935 lo vio un señor llamado Ross, quien dijo que la cabeza era como la de un cordero, mientras que otro señor la comparó con la de un caballo.

En cualquier casó, el apelativo de "monstruo" y de "serpiente de mar" que también se le ha dado, pueden dar lugar a confusiones: Nessie ha resultado ser un animal inofensivo y bastante dulce al parecer, que se alimentaría sólo de peces. Además ha demostrado ser curioso, pues en varias oportunidades ha seguido a barcos que navegaban por el lago y también a lanchas a motor, dejándose ver a corta distancia, por los tripulantes.

La teoría de los túneles subterráneos

Como ya dijimos, Oudemans piensa que se trataría de una pareja o bien, de una hembra y su cría, que en 1933 habrían llegado al lago desde el mar remontando el río Ness, y que se habrían quedado allí disfrutando de la gran abundancia de peces. Otras personas en cambio, creen que no usaron el río como vía de acceso, y plantean la posibilidad de que haya una red de túneles subterráneos que conectan Loch Ness con el mar y con lagos vecinos. Estas personas dicen que el hecho de que el animal haya sido visto en Loch Dochfour apoyaría esa teoría, pues es improbable que un animal. adaptado al agua se interne varios kilómetros tierra adentro, arrastrándose, y luego, habiendo encontrado nuevamente agua, haga el camino de vuelta.

Tampoco puede descartarse la posibilidad de que el animal no haya llegado del mar, sino que sea oriundo del lago, y que haya estado allí naciendo, reproduciéndose y muriendo, durante generaciones. De hecho, las noticias acerca de sus apariciones datan del siglo VI, según consta en el capítulo veintisiete del libro "Vida de san Columbano", publicado en 1857; además de ésta, ha habido casos de apariciones en los años 1853, 1871, 1885, 1898, 1902, 1903, 1904, 1908, 1910, 1912, 1914, 1917, 1923, 1929 y 1932 antes del "boom" de los años 1933 a 1937.

La leyenda de san Columbano

En el libro ya citado se cuenta que cierto día este santo escocés se paseaba por las orillas del lago en cuyas aguas nadaba un hombre. De pronto las aguas se agitaron y un enorme animal, parecido a una serpiente, alzó su cabeza por encima dé la superficie del lago y comenzó

a avanzar hacia el nadador. Entonces el santo, viendo el peligro que el hombre corría, gritó:

¡Aléjate, monstruo! ¡No te acerques al hombre!

Ante esas palabras, el animal se detuvo y luego se sumergió y desapareció.

Apariciones en nuestro tiempo

Durante la Segunda Guerra las noticias acerca de Nessie fueron escasas, pero en las últimas décadas ha sido visto en varias ocasiones. Gracias al avance tecnológico el hombre ha dejado de ser un testigo pasivo y ha salido a buscar al animal en su propio terreno, con vehículos submarinos provistos dé equipos de sonar y luz estroboscópica. Muchas de estas expediciones no han tenido éxito, pero algunas sí lograron detectar la presencia de una gran masa que se desplazaba bajo el agua, y en una oportunidad hasta se pudo distinguir una gran aleta.

Al parecer Nessie o alguno de sus descendientes, aún sigue viviendo en el lago.

Naitaka

El lago Ness no es el único caso de un lago habitado por un animal desconocido. En Canadá hay varios de ellos, según cuentan las leyendas de los pieles rojas. El más famoso es el lago Okanagan en cuyas aguas vive una gran "serpiente" a quien los indios llamaron Naitaka y reverenciaron como a un dios; acostumbraban a dejarle animales en la orilla a modo de ofrendas.

Pero no sólo los indios han visto a Naitaka. Hay reportes de blancos que hablan de un extraño animal que asoma su largo cuello fuera del agua. En 1959 fue visto entres ocasiones por lo menos. Uno de los testigos fue una dama que pasaba sus vacaciones en el lago y que lo vio desde el patio de su casa. Ella cuenta:

"No soy de este lugar y jamás había escuchado ni imaginado que algo así pudiera existir. Y sin embargo ahí estaba. Era grande y oscuro, y su cabeza, parecida a

la cabeza de un caballo, se veía tan hermosa brillando a la luz del sol...".

Otro de los informes es el de un hombre que atravesaba el lago en un bote llevando a remolque a dos caballos. De pronto vio que el agua alrededor se arremolinaba, el bote se sacudió y los dos caballos fueron arrastrados hacia abajo por una fuerza poderosa que lo obligó a soltar las cuerdas con que los remolcaba, para no ser también él arrastrado junto con el bote.

Hay semejanzas entre las descripciones de Nessie y de Naitaka. ¿Será posible que se trate de una especie de animal acuático aún no "descubierta" oficialmente por los naturalistas? ¿En plena era espacial...?

Las serpientes marinas

A través de la historia son muchos los relatos de casos en que han sido vistos animales marinos desconocidos, y no siempre habrían sido animales inofensivos y hasta tímidos como Nessie, sino verdaderos monstruos, "serpientes" o dragones de mar, devoradores de hombres. Un caso de éstos ya lo relata Virgilio en el canto segundo de La Eneida, donde cuenta que el sacerdote Laocoonte fue atacado y muerto junto a dos de sus hijos frente a Troya, por una de tales serpientes salida del mar.

Existe también en el antiguo palacio sirio de Korsabad la representación de una serpiente marina que el rey Sargón II. habría visto durante un viaje a Chipre el siglo VIII antes de Cristo, y hay relatos de Aristóteles que dicen que tales criaturas vivían en las cercanías de las costas del norte de Africa y que salían del agua para capturar y devorar reses.

¿Se trata de animales fabulosos, productos de mentes demasiado imaginativas, o de animales reales de la época de los grandes saurios, que aún subsistían en esos tiempos?

En "Grandes enigmas del universo", Richard Henning cita un libro "de alto valor científico", el "Periplus Maris Erythraei", escrito a fines del siglo I después de Cristo, que señala que las serpientes  marinas eran señal de la cercanía de tierra, y también al sabio nórdico Olaus Magnus, quien, en su obra "Historia gentium septentrionalium", dice:

"Todos los que navegan por las costas de Noruega, se dedican a la pesca o practican el comercio, coinciden en la curiosa noticia de que por esos lugares aparece una monstruosa serpiente marina de sesenta y más metros de longitud y seis metros de ancho. Vive entre rocas y en cuevas de la costa cercana a la ciudad de Bergen, abandonando su escondrijo únicamente durante las noches claras de verano y devorando terneros, corderos y cerdos, o penetrando en el mar para alimentarse de pulpos y cangrejos de toda clase... Tiene inquietos y llenos de miedo a los navegantes, pues levanta la cabeza y se yergue lo mismo que un poste, llevándose entonces a los hombres para devorarlos".

Apariciones

Después, con el transcurso de los años y el avance de las ciencias, las historias sobre serpientes marinas fueron perdiendo crédito hasta quedar  totalmente desprestigiadas. Y sin embargo, en ocasiones volvían a aparecer:

En 1746 el piloto mayor y gobernador noruego de Bergen, Lorenz von Ferry, declaró oficialmente ante el Consejo de Estado haber visto a la altura de Molde, una serpiente marina de treinta y cinco metros de largo que tenía una cabeza como la de un caballo y provista de una melena blanca. Su declaración fue corroborada por el juramento de dos marineros.

En 1809 un párroco de las islas Hébridas dijo haber sido perseguido por una serpiente marina de unos seis metros de longitud mientras daba un paseo en bote, y en la misma época, y otra vez a la atura de Molde, un médico, un sacerdote y un rector, junto con varios pescadores, vieron pasar a dos metros de distancia otra serpiente, de diez metros de largo.

Años después, en 1817, una serpiente de veinte metros fue vista en las cercanías del cabo Ann en Massachusetts, por una gran cantidad de personas, y tal vez  el mismo animal fue visto otra vez en 1819 por centenares de personas cuando atravesaba tranquilamente la bahía junto a Nasant.

La serpiente del "Dédalo"

Quizá el caso más famoso de apariciones de serpientes marinas aparte de Nessie, sea el del animal que avistaron los marinos de la corbeta inglesa "Dédalo" mientras navegaba entre la isla Santa Elena y el Cabo Buena Esperanza, el 6 de agosto de 1848. El capitán MacQuhae y toda la tripulación vieron, en pleno día durante veinte minutos y a corta distancia, un animal con una cabeza como la de una foca, que nadaba pacíficamente. Sobresalía del agua unos 130 centímetros y su longitud total, según apreciaron los marinos, era de unos veinte metros.

Este no es el único caso en que marinos británicos se han encontrado con serpientes. En 1833 unos oficiales afirmaron haber visto una frente a Halifax, y meses después que el "Dédalo", el "Plumrose" vio otro animal a la altura de Oporto. Años después, el 30 de marzo de 1856, en un viaje desde la bahía de Algoa a Londres, fue el turno del "Imogen", y el 2 de julio de 1877, los marinos del vapor "Osborne", frente al cabo Vito, en Sicilia, vieron la única serpiente que ha sido vista en el Mediterráneo.

El relato de los alemanes

El 26 de julio de 1883 le tocó a la Marina alemana, frente a Libreville, en la costa occidental de Africa. El almirante Hollmann, siendo capitán de la corbeta "Elisabeth", escribe en el diario de a bordo:

"A las cinco horas. Ha sido divisado un grupo de ballenas grandes y pequeñas entre las cuales había un animal cuya forma y movimiento recuerdan a una serpiente. Tenía un color blanquecino y frecuentemente alzaba la parte delantera de tres hasta cinco metros sobre la superficie del agua, mientras la parte restante del cuerpo, formando varias ondulaciones,. agitaba el agua Este animal, según el informe del teniente de navío Wislicenus, quien le observó durante veinte minutos con largavistas, tenía entre quince y veinte metros, cabeza negra espatulada y una cola doble blanca y negra, de unos seis metros de largo.

Las serpientes de los franceses

Y para no ser menos, la Marina francesa también ha tenido sus encuentros. El teniente de navío Lagtésille, comandante del "Avalon", vio una en la bahía de Along, en el Tonquín, en julio de 1897, animal que habría vuelto a ser visto en el mismo lugar el 24 de febrero de 1898 por un señor Racovitza, según una publicación de la "Société Zoologique de France".

Otra vez en la bahía de Along, el 25 de febrero de 1904, el teniente de navío L'Eost, comandante del "Décidée", vio al mismo animal o a uno de sus semejantes. Su declaración fue confirmada por toda la tripulación del barco. Según un científico, profesor Giard, se trataría de un saurio de la Epoca Terciaria, tal vez un mesosaurio o un ictiosauro.

Así, poco a poco, las serpientes marinas fueron siendo admitidas por la .ciencia. En 1906, la Sociedad Zoológica de Londres acogió el relato de los zoólogos Nicoll y Meade Waldo, quienes, a bordo del yate "Walhalla", vieron un animal de seis a ocho metros de largo con cabeza de tortuga y una poderosa aleta dorsal de dos metros debajo del cuello. Esta serpiente fue vista junto a la costa del Brasil, cerca de Para.

El caso del "Tampania"

El 24 de mayo de 1907, los oficiales, la tripulación y los pasajeros del vapor "Tampania" vieron a unos treinta metros de distancia cerca de las costas de Irlanda, una serpiente marina con cabeza semejante a la del gato, que se levantaba unos dos metros sobre el agua, y a unos nueve metros de la cabeza se levantaba, también alrededor de dos metros sobre el agua, la cola.

Durante la Primera Guerra Mundial se registraron varios casos de animales desconocidos muertos por las explosiones submarinas, que podrían haber sido serpientes marinas. La experiencia más conocida al respecto la tuvo el barón Von Fostner, capitán del submarino alemán U 28, el 30 de julio de 1915, quien vio saltar un animal por el aire. Otro caso similar lo relata en un informe oficial el comandante del submarino U 108, teniente de navío Lbwisch.

Las serpientes muertas

A pesar de todos estos relatos y de varios más, la objeción que hacían algunas personas era que de existir estas serpientes tendría que haberse capturado alguna.

Si bien aún no se captura ninguna, sí se han encontrado animales muertos. En 1808, en las islas Orcadas, la corriente arrastró a la costa el cadáver de un animal desconocido de dieciséis metros y medio de largo, con cola puntiaguda, tres pares de aletas y una cresta espinuda desde la espaldilla a la cola.

En 1901, en Newport Beach, California, Horatio Forgy, junto con dos personas más, fue a verificar el relato de un indio que dijo haber capturado una serpiente marina. El animal que Forgy vio medía unos seis metros y pesaba unos doscientos cincuenta kilos, y resultó ser un ejemplar del pez Regalecus bancsii, que vive a grandes profundidades.

En 1906, el capitán Rathbone, comandante del buque Tropper, vio un animal muerto, que flotaba cerca de su barco. Este animal medía alrededor de quince metros, tenía orejas pequeñas y varias franjas longitudinales de color blanco.

Otro extraño animal muerto habría sido encontrado en la costa de Terranova, cerca de Swakopmund, en 1932, después que un terremoto arrojara a la costa miles de cadáveres de animales marinos. Se trataría de un animal con aspecto de serpiente, peludo, con hocico agudo y dientes afilados.

Las historias de serpientes fueron desapareciendo de los periódicos, nuevamente caídas en el descrédito. Una de las últimas publicaciones fue la de enero de 1948, según la cual él barco americano "Santa Clara" habría chocado por la proa, cerca de las costas de Carolina del Norte, con un animal de unos quince metros de longitud, cuya cabeza era aplanada y parecida a la de una serpiente, y cuyo cuerpo cilíndrico de color pardo tenía como un metro de diámetro.

Después de esta fecha aparentemente no ha habido más encuentros con "monstruos marinos".

¿Mito o realidad?

Para algunas personas las "serpientes marinas" jamás han existido y todos los casos de sus apariciones no son más que ilusiones, o confusiones creadas por grupos' de delfines nadando en hilera, o por grandes tiburones, o por ballenas. Para otras personas sí existen, y serían, tal vez, los antiguos animales que aún sobrevivían en los años de las apariciones y que hoy estarían ya extinguidos por completo. En todo caso, quienes han navegado en el mar saben que en cualquier momento, cualquier cosa extraña puede surgir de sus profundidades.   

El horrible pez de Belle Ile

En 1636 los pescadores de Belle Ile, en las costas de Bretaña, llevaron una noticia al duque de Retz, la autoridad del lugar: un hombre pez había llegado a los requerios cercanos a la costa. El duque pidió que la, siguiente vez que vieran al ser le avisaran, pues quería saber de qué sé trataba, de modo que un día los pescadores lo fueron a buscar y el duque partió con ellos hacia el lugar donde se encontraba el extraño ser.

En una carta el duque cuenta que se trataba aparentemente de un hombre, según se podía apreciar por la parte del cuerpo que tenía fuera del agua, que era desde el ombligo hacia arriba. Era bien proporcionado, aunque sus brazos eran un poco cortos y las manos extraordinariamente grandes y blancas. Tenía cabellos y barba largas y blanquecinos, ojos saltones y duros y piel  grisácea  y sin escamas. El ser era pacífico y manifestó entusiasmo ante la gente, especialmente ante los que vestían colores brillantes. Dejaba oír una especie de silbido que los pescadores interpretaron como risa.

El hombre pez volvió a ser visto en los días siguientes y el duque decidió capturarlo. Llegaron junto a él y le arrojaron encima las redes de pesca, pero el ser las rompió con toda facilidad y escapó nadando. Fue perseguido en bote, pero cuando uno de ellos lo alcanzó, él se afirmó en la borda y lo volcó, y ya no pudo ser alcanzado otra vez.

Más tarde otros pescadores informaron que en otro lugar de la costa, sobre una roca, había sido visto otro de estos seres, sin barba esta vez, y que no tenía piernas sino dos colas de pez parecidas a la cola de un salmón.

Nuevamente surge la pregunta de si esto es una mera fábula, o si realmente existieron seres de esta clase. Desde hace miles de años los hombres marinos han sido venerados por distintos pueblos; el historiador Berosio, por ejemplo, cuenta que en Sumeria se adoraba al dios del mar Oannes, quien durante la noche permanecía a cierta distancia de la costa pero que en el día salía a tierra. Y en Bretaña especialmente, existen estatuas ecuestres, que eran ídolos, y que muestran a un ser cabalgando, que en lugar de piernas tiene dos colas semejantes a la del congrio.

Es posible piensan algunos, que, dado que la vida apareció en el agua, haya habido una "humanidad acuática"; que alguna rama de los mamíferos del agua haya evolucionado hasta dar origen a seres equivalentes al hombre, y que ahora está ya completamente extinguida.

Los detractores de esta teoría sostienen que sólo son fábulas y producto de la ignorancia, y como ejemplo citan el caso de una nave inglesa que en el siglo XVI, navegando desde Groenlandia, se encontró en el mar con "hombres peludos" que rodearon el barco, y quienes salían a la superficie usando "unos largos apéndices". Los marineros dispararon y mataron a muchos de estos "hombres peludos", que resultaron ser esquimales, desconocidos hasta entonces.

¿Sobreviven los grandes saurios?

Como hemos dicho, algunas personas creen que las llamadas "serpientes de mar" son sobrevivientes de pasadas épocas geológicas. Uno de los grandes misterios de esas épocas es la desaparición de los grandes reptiles a fines del Secundario. Pudo haber sido un brusco cambio de temperatura lo que terminó con ellos, pero en realidad, no se sabe. ¿Podrá ser que algunas especies hayan logrado sobrevivir durante ciento cincuenta millones de ayos, hasta nuestros días?

Tal vez en lugares cálidos como, por ejemplo, la Amazonía, con sus vastos pantanos tibios donde el hombre no acostumbra a incursionar.

De hecho, los indios cazadores del río Yapura, en una región llena de pantanos, dicen haber visto un animal con un cuello de varios metros de largo y cola larguísima, descripción que se ajusta a la del brontosaurio, que habitaba los pantanos en la era secundaria.

Otra tribu que vivía en la zona entre los ríos Jurua y Purus, habría visto todo un grupo de tales animales, que se sumergieron cuando los indios se acercaron.

Hay casos similares también en África:

En los extremos del Congo y Tanganyka, en la región del lago Tuvou, unos indígenas vieron un animal enorme con un cuello de unos cinco a seis metros y una cabeza muy pequeña. En las huellas que dejó cabían sentados dos niños de unos cinco años.

Además de estas apariciones, en varias ocasiones se han encontrado hipopótamos muertos, con heridas causadas por enormes garras, pero, aparte de eso, intactos, lo que descartaría la posibilidad de que hubieran sido muertos por algún león, pues en ese caso habrían estado en parte devorados.

Los que defienden esta posible supervivencia de los saurios dicen que si en el océano Indico se capturó vivo un celacanto pez al que se daba por extinguido hace unos doscientos cincuenta millones de años, ¿por qué no podrían haber sobrevivido los brontosauros, y otros más?

Y como respuesta a esta pregunta está la historia de un explorador que en 1949, en Nueva Guinea, en una región solitaria y boscosa, vio en la orilla de un pantano, un animal de unos veinticinco metro de largó, con la cola y el cuello de un diplodoco, y placas en el dorso, como las del estegosaurio.

Pero hay quienes se plantean otras variantes, interrogaciones razonables no desprovistas de base.

¿Es posible que estos extraños, cautelosos moradores de aguas oscuras, sean en realidad engendros ecológicos? El cambio en los niveles de saturación del agua, por sustancias que se disuelven, cambia también la tensión superficial, que es, ni más ni menos que la facultad que tiene el agua de adherirse a las paredes de un tubo delgado y trepar por él. Así es como la savia trepa por el interior de los árboles hasta irrigar los brotecillos a una altura hasta de cincuenta metros. Cambios en la conducta física y química del agua, por culpa de la polución, producirán alteraciones en las formas de vida que sustenta. A los embriones los matará 999,9 veces de cada mil. Pero puede haber un embrión en diez mil que, en su anhelo de vivir, conseguirá adaptarse a la miseria de un medio ambiente polucionado. Para adaptarse tiene que convertirse en un monstruo, en un "fenómeno" o un mutante. Particularmente la polución por residuos radiactivos afecta a embriones y núcleos celulares.

De estos mutantes, también la mayor parte morirá sin poder dejar descendencia, pues las mutaciones casi siempre causan esterilidad, seres infértiles como las rüulas. Pero quizás. uno en cien mil logre, por la tenacidad del amor a la vida, rescatar el poder de procrear. Esa sí es la victoria de la vida sobre el veneno. Un nuevo ser, una nueva especie ha surgido sobre el planeta... fruto de una ecología trastornada por el hombre.

Exactamente, fruto de la locura; ¿nos extrañará que tenga un aspecto demencial?

Otra posibilidad razonable viene de las recientes experiencias alcanzadas en materia de hibernación o animación suspendida, que se está consiguiendo por diversos métodos de enfriamiento de un cuerpo vivo, aletargándolo primero en un sueño profundo, para luego alcanzar el estado cataléptico, es decir, apariencia de muerte. 

Se sabe que en muchos casos se han producido fenómenos de enfriamientos súbitos en determinados lugares. En Siberia, por ejemplo, se encontró en 1910 todo un rebaño de mamuts mezclados con enormes felinos, caballos y ciervos gigantes llamados "rengíferos". Estaban asombrosamente conservados, aunque su antigüedad estimada es de 45.000 años. Tan bien conservadas estaban estas bestias que los siberianos comieron parte de la carne y alimentaron con ella a los perros de los trineos. De los mamuts, algunos tenían todavía en la boca los puñados de tomillo y trébol que estaban comiendo en el momento en que cayó sobre ellos la onda de frío fulminante. No se tiene aún ninguna teoría que explique ese fenómeno de frío incomprensible, pero ello deja abierta la posibilidad de que alguna bestia o grupo de bestias' de la zoología primordial del planeta, haya quedado en estado cataléptico, aparentemente muertos, pero en verdad con la vida latente, a la espera de reanimación. Los mamíferos terrestres mostraban casi todos fracturas en sus enormes huesos. Pero los habitantes de las aguas se habrían visto protegidos por la amortiguación del líquido. Además, el congelamiento habría sido más paulatino y sin duda habrían caído en sueño letárgico por enfriamiento, antes de quedar congelados.

Se sabe que Escocia estuvo cubierta por los hielos hasta el fin de la última glaciación, hace unos doce mil años.

El tibio sol de la primavera de Loch Ness fundió la costra de hielo gota a gota, hasta dejar los cuerpos al descubierto. Si estaban muertos, la descomposición orgánica los disolvió en el olvido. Pero si estaban vivos..., los ojos volvieron a abrirse y la vida milenaria despertó.

Desde luego, también debemos respetar la posibilidad de que no existan. Que sólo sean la expresión de sueños míticos de gentes que tienen añoranzas de los dragones de las leyendas.

Pero, si usted alguna vez recorre a solas esas bellas regiones de lagos y ríos poco frecuentados, recuerde que las respuestas tranquilizantes tienen tanto o tan poco fundamento como las sospechas de que esos seres extraños pueden ser algo muy real, muy tangible... y muy hambriento.