|
Los rollos de pergaminos depositados por los Esenios en las
cuevas de Qumrân han esperado veinte siglos hasta poder dar
testimonio
a la humanidad de una verdad conocida por muy pocos. |
|
|
En el interior, encontraron grandes vasijas de barro y fragmentos de cerámicas rotas que cubrían el suelo. Para investigar el contenido de las vasijas las abrieron, surgiendo del interior fuerte olor que les resultó muy desagradable. Así fue que descubrieron unos paquetes ó bultos, de forma oblonga que eran lo único que se encontraba en el interior de aquellos antiquísimas vasijas.
Estos paquetes se encontraban envueltos en tiras de lino y cubiertos a
su vez por una
capa impermeable hecha de una materia similar a la cera ó el
alquitrán. Al quitar estas envolturas vieron lo que contenían los
paquetes: largos rollos de pergaminos escritos con caracteres que
comprobaron no eran escritura árabe. Posteriormente, se comprobó que eran varias las cuevas, las cuales
estaban ubicadas en la costa oriental del Mar Muerto, a unos 12 kms. al
sur de Jericó, en un acantilado que bordea este mar.
Al parecer, los jóvenes beduinos formaban parte de un grupo dedicado al
contrabando de materiales y ganado desde
Transjordania a Palestina.
Después de largos rodeos para evitar los aduaneros del puente del
Jordán,
llegaron a Belén, en donde vendieron el contrabando y
mostraron los rollos a distintos mercaderes,
pero
ninguno estaba dispuesto a pagar el precio exigido por los
beduinos ( 20 libras). Por último, uno de ellos
que era sirio, creyendo que estaban escritos en siríaco antiguo,
envió algunos manuscritos al Metropolitano de la Iglesia Siria Mar
Athanasius Yeshue
Samuel.
Este descubrimiento, se conoce como
“los pergaminos del Mar Muerto” o también
“los libros sagrados
apócrifos” (1)
y aportan una nueva visión sobre los conceptos religiosos del Antiguo
Testamento, y en la creencia de que éste fue revelado por Jehová, los
expertos dudaron de la autenticidad de dichos documentos que parecían
ser muy anteriores a todos los conocidos.
El Metropolitano Samuel
consultó con varios investigadores del Departamento de
Antigüedades de Transjordania
y la Escuela Bíblica, quienes consideraron este descubrimiento
con una gran reserva.
Fue así que Samuel
(ya muy desanimado)
llevó los manuscritos al patriarca sirio de Antioquía, el cual
dedujo que aquellos documentos no tendrían más allá de tres siglos de
antigüedad.
Después de otros contactos infructuosos, el Metropolitano pudo entrar en
comunicación con la Universidad Hebrea, tras un fortuito encuentro con
un miembro de ésta que se interesó en el descubrimiento en poder de
Samuel. |
|
|
|
Todos
los esfuerzos del Metropolitano Samuel
fueron infructuosos hasta febrero de 1948, cuando encontró quien
le informara correctamente sobre los rollos. Exactamente,
fue la Escuela Americana de Investigaciones Orientales y su director
John C. Trever, quien comenzó a descubrir el verdadero significado, al
comparar estos textos con el papiro Nash
(pequeño fragmento que se conserva en la biblioteca de la
Universidad de Cambridge) que contiene el Shema y los Diez Mandamientos.
Este investigador encontró muchas similitudes entre los rollos del Mar
Muerto y el papiro Nash; por lo que remitió algunas copias fotográficas
al doctor W. F. Albright, investigador que pertenecía en ese momento a
la Universidad
John Hopkins
y era considerado un erudito en asuntos bíblicos y una gran
autoridad en el papiro Nash. Así
fue como se confirmó
la importancia de este hallazgo; como lo demuestra una carta
enviada por Albright al doctor Trever el 15 de marzo de 1948, en la que
señala: “... es el
descubrimiento más importante hecho en los tiempos modernos. No dudo en
absoluto de que la escritura es bastante anterior a la del papiro Nash...”. |
|
|
|
Estos
manuscritos encontrados en Qumrân corresponden a seis obras distintas: * El libro de Isaías: Se encontró íntegro en un rollo de cuero y es el mayor extensión (0,32 m. por 7,80 m.). Se encontró en un aceptable estado de conservación.
Está escrito en alfabeto arameo y es uno de los rollos adquiridos por el
Metropolitano Samuel. |
|
|
El comentario de Habacuc: Su
extensión es de 1,65 m. de largo por 1,80 m. de ancho y su estado es
relativamente bueno, a pesar de faltar el principio y el final de las
columnas (probablemente roídas por las ratas). En
este documento se habla de tres enigmáticos sacerdotes muy perversos
que se cree son Aristóbulo II, Hircano II y Alejandro Janeo, aunque el
sentido de este texto está en discusión porque se usa una terminología
muy vaga.
El manual de disciplina:
Se conserva en dos rollos separados, los cuales unidos hacen
una longitud de 1,82 m. y
se refiere a las reglas de disciplina de este grupo religioso que
fueron los Esenios.
Tiene
once columnas con invocaciones y pasajes litúrgicos, jurídicos y
morales. Su similitud con rituales cristianos es asombrosa y se supone
que son el origen de lo que luego serían los modos cristianos de
adoración.
El libro de Lamec: Se lo
encontró en un estado de extrema fragilidad ya que las hojas del
pergamino se encontraban pegadas entre sí por una sustancia pegajosa
exudada durante la descomposición de la piel y por lo tanto impedía
desenrollar el manuscrito. La escritura de este texto
resultó de difícil lectura, por lo que se utilizaron
los rayos infrarrojos para poder descifrar el contenido.
En
el año 1956 la Universidad Hebrea publicó cinco columnas revisadas por
los profesores Yigael Yadin y Nahman Avigad.
En
un principio se creyó que era el apócrifo “Apocalipsis de Lamec”
pero al
ser estudiado con detenimiento se concluyó que era un comentario
del Génesis (en una versión aramea de éste); calculandose su origen
de finales del siglo I a.C.
o de la primera mitad del siglo
I d.C.
El manuscrito de la “Guerra de los Hijos de la Luz contra los Hijos de
las Tinieblas”: Es el único de los rollos que se encuentra casi
intacto.
Su
contenido trata de una guerra
entre los “Kittin de Ashur” y los “Kittin de Egipto”
(supuestamente los sirios seleúcidas y los seguidores de los Ptolomeos)
No
se sabe con certeza
si los comentarios de este texto son simbólicos o si
efectivamente son el relato de un conflicto.
Himnos de Acción de Gracias:
Se encontraba en cuatro pedazos cuando fue adquirido por Sukenik.
En ellos se reúnen doce columnas que conforman veintisiete himnos que
recuerdan mucho a los
“Salmos de Salomón” (incluso se especula con que serían la
inspiración de éstos).
Por
último, se agregaron en 1952 dos enigmáticos rollos de cobre que se
encontraron bastante oxidados en una de las cuevas del Mar Muerto, en un
estado de extrema fragilidad.
En
primera instancia se creyó que eran tiras que se colocaban en las
paredes del templo y que habían sido
retiradas apresuradamente antes de ser incendiado este edificio
por las tropas romanas en el año 70 d.C. y escondidos en las cuevas, a
unos 2 kms. al norte del monasterio.
Sin
embargo, el investigador Kuhn al estudiar los rollos pudo descubrir que
eran listas de los tesoros del monasterio y ofrecen instrucciones para
encontrarlos.
Al
parecer, era un tesoro bastante grande que contrasta significativamente
con la austeridad de vida de los Esenios. Se llegó a pensar que era el
tesoro de Jerusalén
(en el cual se destaca el Arca de la Alianza).
John
Allegro organizó una expedición para encontrar el fabuloso tesoro y
excavó en Khirbel Qumrân a pesar
de las criticas de otros investigadores.
Cuando
se disponía a excavar bajo la mezquita de Omar, en el lugar donde se
encuentra un antiguo templo judío,
fue obligado a paralizar sus obras.
Esta
mezquita de Omar
conserva una piedra significativa que se dice es la que usó
Abraham cuando pensaba sacrificar a su hijo Isaac como
ofrenda a Dios y es también la roca donde aterrizó Mahoma en su
vuelo desde la Meca.
La
descripción del tesoro, sumado a
los comentarios y enseñanzas que guardan los manuscritos les
confieren una importancia y un interés fantástico. Con seguridad en las tierras de Qumrân siguen todavía enterradas antiguas bibliotecas, que de ser encontradas, harían que rescribiéramos nuestra historia y alteráramos substancialmente nuestros conceptos y nuestras creencias religiosas. |