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Hoy ya no caben dudas: si los restos extraterrestre de Roswell no hubiera sido encontrados por civiles el fenómeno habría sido enterrado por las fuerzas de seguridad. Y bien, ¿Cómo ocurrió?
¿Cómo reaccionaron la prensa, él público y los militares en
1947? |
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En
cierto momento, durante las primeras horas de la noche anterior habían
escuchado un estallido en medio de los truenos. No encontrar cercas o
molinos dañados pero algo bastante extraño llamó su atención: un
campo lleno de pequeño fragmentos de un material brillante. Según
las noticias periodísticas del momento, Mac juntó parte del material y
lo escondido bajo un arbusto o cobertizo. Pero se guardó unos pocos
fragmentos uno de los cuales tenía encima cuando subió a su auto para
llevar a Dee de vuelta a casa de sus pares, Floyd v Loretta Proctor, sus
vecinos más cercanos. El chico había estado con Mac porque le
encantaba cabalgar, que era lo que el capataz hacía la mayor parte del
tiempo. En
julio de 1990, Loretta Proctor fue entrevistada durante una conferencia
especial sobre ovnis que organizó el Fund for Ufo Research (Fondo para
la Investigación de Ovnis) en Washington. Y como tanto Mac como su
marido habían muerto bastante tiempo antes de que empezara a
dilucidarse el misterio del aparato accidentado, ella era el vínculo más
directo con el comienzo de la historia. Loretta es una típica dama del
oeste norteamericano: hospitalaria y para nada interesada en hacerse
publicidad, ya que ésta podría comprometer la solitaria vida que lleva
en su vieja casa de campo al final de un escabroso camino de tierra. “Mac
tenía ese pedazo de material que había recogido. Quería mostrárnoslo
y quería que fuéramos con él para ver lo que había quedado en el
lugar de los restos o lo que fuera, pero no fuimos porque no había un
medio de transporte y llegar allí se hacía difícil. No consiguió que
nadie lo acompañara. El fragmento que trajo tenía el aspecto de un plástico
de color marrón claro... era muy liviano, como la madera balsa. No era
un pedazo grande, tal vez tenía unos 10 cm de largo, sólo un poco
mayor que un lápiz. Tratamos de cortarlo con un cuchillo y también le
acercamos la llama de un fósforo, pero no se quemó. Sabíamos que no
era madera. Era suave como el plástico y no tenía bordes agudos, como
una clavija de color tostado oscuro. No tenía ninguna veta...
simplemente liso. Nunca había visto algo así." En
una serie de artículos publicados en la década de 1980, Stanton
Friedman y Bill Moore reprodujeron entrevistas con otras personas que
habían visto y manipulado fragmentos de los restos de Corona antes de
que intervinieran los militares: La
señora Bessie Brazel Schreiber, hija de Mac Brazel, dijo que el
material parecía "una especie de papel de aluminio. Algunos
fragmentos tenían una especie de cinta pegada, pero ésta no podía
despegarse o sacarse de ninguna forma. Algunos pedazos tenían números
o letras, pero no eran palabras que pudiéramos leer. Los caracteres
estaban escritos como números, en columnas, pero no se parecían para
nada a los números que nosotros usamos. Y un pedazo de algo hecho del
mismo papel plateado parecía una manga de unos 10 cm de ancho e
igualmente largo, con un reborde en un extremo. Y también lo que parecían
ser pedazos de un papel fuertemente encerado".
No había escrituras o marcas en los fragmentos que yo tenía, pero mi
padre dijo que había figuras en algunos de los fragmentos que él
encontró. Muchas veces se refería también a los petroglifos que los
antiguos indios dibujaron en las rocas de esta región”. Walt
Whitmore Jr., hijo del dueño de la estación de radio Roswell KGFL,
declaró: "Era muy parecido al papel plateado de aspecto, pero no
se podía romper o cortar de ninguna forma. Extremadamente liviano de
peso. Algunas vigas pequeñas, que parecían de madera o de un material
semejante, tenían una especie de escritura en ellas que semejaban números
que habían sido ya sea sumados o multiplicados, en columnas". Hasta
el momento, las únicas personas que sabían que algo extraño se había
estrellado en Foster Ranch eran civiles. La vida de Mac Brazel estaba
centrada en la hacienda, y como no conocía la oleada de noticias sobre
platos voladores que barría al país, no los relacionó con los
fragmentos que encontró desparramados en su campo. Sólo después de
que sus amigos le aconsejaron que avisara a los militares sobre lo
ocurrido, viajó en su auto hasta Roswell, un trayecto formidable en
esos días y que aún hoy significa hacer unos cuantos kilómetros por
caminos de tierra. El
domingo 6 de julio, Mac se apareció en la oficina del sheriff del
condado de Chaves, George Wilcox, con unas pocas muestras de los restos
que había recogido en la hacienda. El sheriff se dio cuenta enseguida
de que se trataba de algo poco usual, llamó al campo de aviación
militar Roswell y habló con el Mayor Jesse Marcel, el oficial de
inteligencia. Entonces, Marcel y Sheridan Cavitt, del cuerpo de
contrainteligencia, fueron en auto hasta la hacienda con Mac, iniciando
así la participación militar en el asunto. Cuando
Marcel volvió de la hacienda con el coche cargado de restos, pasó por
su casa e hizo levantar de la cama a su mujer y a su hijo Jesse para que
vieran lo que había encontrado. Como el descubrimiento del extraño
material todavía no había sido clasificado como secreto por los
militares, Marcel no estaba violando ninguna regla al hacerlo. Jesse Jr.,
entonces de once años y en la actualidad un exitoso médico, piloto
militar de la reserva que sirvió en Vietnam y calificado investigador
de accidentes aéreos, recuerda claramente la experiencia: "El
accidente y los restos del dispositivo que yo vi dejaron una huella
imborrable en mi memoria. El aparato no era convencional en ningún
sentido de la palabra; los restos pertenecían probablemente a lo que
entonces se llamaba plato volador. Al parecer, éste había sido exigido
más allá de su capacidad. Para decirlo me baso en el hecho de que
muchos de los restos, incluidos pedazos de vigas de doble T, tenían
extraños jeroglíficos en su parte interna, rosados y púrpuras, salvo
que no creo que hubiera figuras animales como en los ,jeroglíficos
egipcios. Los restos del accidente fueron simplemente descriptos como
fragmentos metálicos no identificables, pero había una buena cantidad
de vigas de doble T intactas. Yo sólo vi una pequeña parte de la
totalidad de los restos." LAS AMENAZAS Y LOS CADÁVERES Un
tiempo antes de que el sitio del accidente fuera clausurado, el sheriff
Wilcox visitó el lugar y aparentemente vio muchas cosas. A comienzos de
1991, Kevin Randle entrevistó a Barbara Dugger, nieta de George e Inés
Wilcox. El sheriff había muerto cuando Barbara aún era chica, pero
ella vivió con su abuela mientras iba a la facultad, llegando a
establecer una relación bastante estrecha con Inés Wilcox. Según
Barbara, su abuela le dijo: No se lo cuentes a nadie. Cuando ocurrió el
incidente, la policía militar vino a la oficina y nos dijo a George y a
mí que si alguna vez decíamos algo del asunto no sólo nos matarían a
nosotros, ¡sino también a toda nuestra familia! 'Alguien llamó a mi
abuelo y le contó el incidente, el fue hasta el sitio y vio los restos;
había una gran zona quemada. Era el atardecer. Había cuatro seres allí.
Sus cabezas eran grandes. Usaban trajes como de seda. ¡Y uno de los
`hombrecitos' estaba vivo! Si ella dijo que ocurrió, ocurrió". En
cuanto a la amenaza de muerte, la abuela de Barbara lo aclaró a fondo:
"Hablaban en serio Barbara, ¡no estaban bromeando!”. Ella dijo
que el incidente perturbó mucho a mi abuelo. Nunca más quiso ser
sheriff. Ella era una ciudadana muy leal y pensó que para el bien de la
nación no debía hablar del tema". Inés Wilcox murió poco después,
a la edad de 93 años. Hay
una pauta muy clara en lo que se refiere a las amenazas a los testigos
que vieron solamente restos del aparato no padecieron demasiadas
presiones, mientras que los que vieron cuerpos fueron tratados mucho más
severamente. Como el contacto con los fragmentos no demostraba la
naturaleza extraterrestre del accidente, es comprensible que los
testigos cuya experiencia se limitara a ese aspecto no fueran
considerados como un riesgo por los militares. Pero bastaría un breve
vistazo a un cuerpo para que resultara obvio que se trataba de un
acontecimiento no humano. Por lo tanto, también se entiende que el
gobierno decidiera aplicar una presión más drástica sobre quienes habían
visto los cuerpos. Miembros
de la prensa local fueron también participantes involuntarios del
drama, no meros observadores. Una tarde, Frank Joyce, de la estación de
radio KGFL, recibió un llamado telefónico mientras trabajaba en la
estación. El hombre que estaba del otro lado de la línea
(presumiblemente Mac Brazel) le informó que había restos de un aparato
en su hacienda. "Me preguntó que podía hacer al respecto. yo le
recomendé que fuera a la base aérea militar Roswell. Poco después, el
Teniente Walter Haut vino a la estación, me entregó un informe de
prensa escrito en papel cebolla y se fue de inmediato. Yo lo llamé a la
base y le dije: `Le sugiero que no publiquen este tipo de informe que
dice que ustedes tienen un plato volador; y él me contestó: No, está
bien. Tengo autorización de C.O.' (el Coronel Blanchard). Envié el
informe por el sistema telegráfico de la Western Union a la oficina de
United Press Cuando volví a la estación encontré un despacho telegráfico
que decía: `El Cuerpo del Aire (sic) dice que tiene un plato volador'.
Tipiaron un párrafo o dos y entonces otras personas entraron en la línea
y pidieron más información. Luego empezaron a llegar los llamados
telefónicos y yo los derivé (al campo de aviación).
"De pronto el sistema telegráfico se detuvo y empezó a
zumbar A continuación entró una llamada telefónica; la persona que
llamaba se identificó como un oficial del Pentágono. Este
hombre me dijo algunas cosas bastante feas sobre lo que me pasaría.
Realmente estuvo muy agresivo. Por último, pude "El
siguiente hecho significativo ocurrió a la noche. Recibí un llamado de
Brazel. Me dijo: No hemos contado bien esta historia'. Yo lo invité a
que viniera a la estación; Llegó poco después de que oscureciera.
Estaba solo, pero yo tenía la sensación de que nos observaban. Me dijo
algo de un globo meteorológico. Le contesté: `Mire, Mac, esto es
completamente diferente de lo que usted me dijo por teléfono el otro día
sobre hombrecitos verdes'. Y ahí fue cuando me dijo: `No, no eran
verdes'. Tuve la impresión de que estaba muy presionado. Me dijo:
`Nuestras vidas ya nunca serán lo mismo'. ". La
otra estación de radio de Roswell, KSWS, también se metió en la
aventura. En algún momento del lunes 7 de julio, un miembro del staff,
Johnny McBoyle, habría visitado la hacienda de ovinos y habría visto
los restos y tal vez también cuerpos. Si bien se niega a discutir el
asunto aun después de casi medio siglo, el testimonio lo brindó su
colega, Lydia Sleppy, la operadora de teletipo cuyo mensaje fue
interrumpido tan misteriosamente. Durante mucho tiempo se creyó que ya
había muerto, pero fue localizada y entrevistada por Stanton Friedman
en octubre de 1990. "Nosotros
éramos Mutual Broadcasting y ABC y si teníamos alguna noticia que
valiera la pena, la poníamos en el teletipo, y yo era la que tipiaba.
Estaba en mi oficina. (El dueño de la estación) Merle Túcker estaba
en Washington, tratando de que aprobaran su solicitud para instalar una
estación en El Paso, cuando llegó una llamada de John McBoyle. Me dijo
que tenía una noticia sumamente interesante para la red. Le dije: `Dame
un minuto, que llamo al subgerente', porque si se trataba de eso quería
que uno de ellos estuviera presente mientras yo lo tomaba. Busqué a
Karl Lambertz (que venía de la gran estación de Dallas) y le pedí que
me acompañara y observara. John dictaba y Karl estaba a mi derecha.
Avanzarnos lo suficiente como para que me diera cuenta de que la
historia era bastante importante, cuando sonó el timbre (señal de una
interrupción), y apareció en el teletipo la frase: `Éste es el FBI
paren la transmisión'. "Yo
tenía mi cuadernillo de taquigráfía y me volví para decirle (a Karl)
que había sido interrumpida, pero que podía tomarlo en taquigrafía y
después lo pasaríamos a la red. John continuó con la historia y yo
escribí en mi cuadernillo: él había visto cómo se llevaban `la
cosa'. Había estado allí (supuestamente en la hacienda Foster) cuando
se la llevaron.. Y en ese momento, me acuerdo exactamente, John dijo que
la cargaban paro llevarla a Texas. Pero cuando llegaron los aviones,
eran del campo de aviación Wright. LOS MILITARES OCULTAN LAS PRUEBAS Los
militares se hicieron cargo del territorio del accidente ovni expulsando
a los civiles y exigiéndoles el más completo silencio acerca del
incidente. "Cuando
llegamos al lugar del accidente, me sorprendió la vastedad de la zona
dañada. No era una cosa que hubiera dado contra el suelo o explotado en
tierra. Era algo que debió de explotar en el aire, viajando quizás a
una alta velocidad. No sabemos. Pero los fragmentos estaban
desparramados en una zona de 1.200 metros de largo, y bastante ancha, de
decenas de metros de ancho. Así que procedimos a recoger todos los
fragmentos que pudimos encontrar y los cargarnos en nuestro jeep. Me
resultaba bastante obvio, por mi actividad, que izo se trataba de. un
globo meteorológico, ni de un avión ni de un misil. Pero lo que era,
no lo sabíamos. Simplemente recogimos los fragmentos. Era algo que
nunca había visto antes, y yo
estaba bastante familiarizado con todas las actividades aéreas.
Cargamos completamente el jeep, pero no me sentí satisfecho. Le dije a
Cavitt: “Lleve este vehículo de vuelta a la base, que yo voy a volver
allí y recoger todo lo que entre en mi auto”, cosa que hice. Pero en
total sólo recogimos una pequeña parte del material que estaba allí
desparramado. "Una
cosa que me impresionó de los escombros era que buena parte parecía
pergamino. Otra gran cantidad eran fragmentos, vigas doble T con símbolos
que debimos llamar jeroglíficos porque no los pude interpretar, no podían
leerse; eran simplemente símbolos, algo que quería decir algo, y no
eran todos iguales. Las piezas en las que estaban pintados (de paso,
aclaro que esos símbolos eran rosados y púrpuras) eran en realidad
lavanda. Yesos fragmentos no podían romperse ni quemarse. Yo traté de
encenderlos, pero no hubo caso. Lo mismo pasó con el pergamino que teníamos. "Pero
algo más sorprendente fue que los pedazos de metal eran tan finitos
como el papel plateado de un paquete de cigarrillos. No presté
demasiada atención a eso al principio, hasta que uno de los soldados
vino y me dijo: '¿Sabe?, el metal que estaba allá... traté de
doblarlo y no se dobla. Hasta lo intenté con una maza, pero no es
posible hacerle una abolladura'. Yo no volví para mirar los restos
porque estábamos ocupados en la oficina, tenía bastante trabajo. Estoy
seguro de que ese muchacho no mentía, porque era un tipo muy sincero,
muy honesto, así que acepté su palabra. Yo no lo vi golpeando ese
material con un mazo, pero él me dijo: `Definitivamente, no puede
doblarse y es tan liviano que parece pluma'. Y así era todo el material
que se trajo: tan liviano que no pesaba prácticamente nada. Una
vez que los militares de alto rango (es decir, influyentes) se dieron
cuenta de que se trataba de materiales muy inusuales, con los que no tenían
experiencia, organizaron rápidamente una misión para recuperar lo que
había quedado en el campo, a fin de averiguar lo más posible sobre
ellos e impedir que cayeran en las manos equivocadas (o sea, las del público).
Sea lo que fuera, debía mantenerse en secreto al menos hasta que la
plana mayor de Fort Worth o Washington decidiera qué hacer con él. Un
amplio grupo de soldados fue enviado al "campo de escombros"
(sic) de la hacienda ovina cercana a Corona, incluida una buena cantidad
de policías militares cuya tarea era limitar el acceso al lugar. Al
parecer, los fragmentos que estaban en ese campo no componían la
totalidad del dispositivo al que habían pertenecido, así que se inició
una amplia búsqueda para encontrar el resto. Sin duda, esto se hizo por
tierra (usando jeeps v camiones) y desde el aire, en pequeños
aviones de enlace, que en caso necesario pueden aterrizar en terreno
abrupto. LOS SERES EXTRATERRESTRES
Eran
exploradores científicos amistosos o la vanguardia que preparaba una
invasión? Si sus motivos eran bélicos, ¿teníamos alguna probabilidad
de resistir a seres capaces de construir aparatos que los trasladaban a
millones de millones de kilómetros de su lugar de origen? ¿Qué pasaría,
digamos, si sus amigos vinieran a buscarlos? Aunque
el entonces mayor y luego teniente coronel Marcel habló a fines de los
años 70 sobre su experiencia, Sheridan Cavitt se negó incluso a
reconocer que estuvo en la hacienda con Marcel. Sin embargo, otro hombre
del cuerpo contrainteligencia de Roswell, Bill Ricket, relató
recientemente su participación en estos hechos a poco de iniciarse la
intervención militar: "El material era muy duro y liviano. Se podía
curvar, pero no doblar. Por lo que yo sé, nunca descubrió de qué
estaba hecho". Rickett
acompañó al doctor Lincoln LaPaz, famoso experto en meteoritos del New
Mexico Institute of Meteoritics, que realizó una gira por el lugar de
la caída y zonas aledañas, y contó que "LaPaz quería tratar de
descubrir cuál había sido la velocidad y trayectoria de `la cosa' Era
un experto de renombre mundial en trayectorias de objetos que se
desplazan por el cielo, especialmente meteoros, y a mí me habían dicho
que le brindara toda la ayuda que pudiera. LaPaz entrevistó al ganadero
Brazel. Recuerdo que durante la conversación este hombre mencionó que
algunos de sus animales habían actuado en forma extraña después del
incidente. Por alguna razón, el, doctor LaPaz pareció muy interesado
en este dato. El experto quiso sobrevolar la zona, e hicimos los
arreglos necesarios. Durante el vuelo pudo descubrir otro punto donde,
según le pareció, la cosa había aterrizado y luego despegado
nuevamente. En ese sitio, la arena se había transformado en una
sustancia vidriosa. Recogimos una caja de muestras de este material y,
si no recuerdo mal, también aquí había muestras de metal, como el
papel plateado descubierto primeramente. LaPaz envió la caja a alguna
parte para su estudio, no sé o no recuerdo dónde, pero nunca más lo
vi. Este sitio estaba a algunos kilómetros del primero. "LaPaz
era muy hábil para hablar con la gente, en especial con algunos de los
peones, que casi no sabían inglés. EL científico dominaba el español.
Recuerdo que encontró un par de personas que habían visto... no sé cómo
llamarlos, ovnis, supongo. De todos modos, habían visto a dos de esas
cosas' volar lentamente a muy baja altura, al atardecer, en una fecha
que, según pudo establecer LaPaz, fue uno o dos días después de que
estallara el otro aparato. Esta gente también habló de animales
afectados por el incidente. "Antes
de volver a Albuquerque, me dijo estar seguro de que esa cosa había
estado en dificultades, que se había posado en tierra para
reparaciones, despegado nuevamente y luego explotado. También estaba
seguro de que había más de uno de esos dispositivos y que los otros
habían estado buscándolo; al menos eso fue lo que dijo. Estaba
absolutamente seguro de que la cosa había tenido un desperfecto. La
explicación de la Fuerza Aérea (que era un globo) era totalmente
falsa. No era un globo. Nunca supe con seguridad cuál era su propósito,
pero no era el vuestro. Recuerdo haber especulado con LaPaz sobre que
podría tratarse de alguna civilización más avanzada que nos estaba
controlando. LaPaz no estaba en contra de la idea, pero dijo que las
especulaciones no entrarían en su informe." Lamentablemente,
el doctor LaPaz, que en 1950 había tenido una participación activa en
un estudio de "bolas de fuego verdes" que tenían algunas
características de ovnis, murió antes de que nadie se enterara de su
actuación en el episodio de Nuevo México. Su informe es uno de los
muchos documentos que el gobierno ha logrado esconder del público
durante más de cuarenta años. En
general, el gobierno logró plenamente su objetivo de mantener en
secreto los detalles de los aparatos accidentados. FOTOS SECRETAS
"Llegamos
a uno de los tres sitios de aterrizajes violentos en la zona de Corona,
y había una cantidad increíble de gente, en una tienda de campaña
cerrada. Prácticamente no se podía ver nada dentro de la carpa. Me
dijeron: `Prepare la cámara para tomar una fotografía a cinco metros'.
A.K. se subió a un camión que se dirigía al lugar donde estaban
recogiendo fragmentos. Había toda clase de metal por ahí. Y nos
gritaban lo que debíamos hacer: `¡Tome esto, tome lo otro!' "Pude
ver cuatro cuerpos cuando el flash hizo explosión, pero estaba casi
enceguecido porque era un día tan lindo, tan soleado... Uno entraba en
esa tienda de campaña, que estaba terriblemente oscura, y todo lo que
se fotografiaba eran cuerpos. Cuerpos que estaban debajo de una lona que
ellos levantaban, y uno tomaba la foto; quitábamos el bulbo del flash,
poníamos otro, tomábamos otra foto y le dábamos a un oficial el
carrete de película (cada carrete tenía sólo dos hojas de filme
cortado de 10 x 12 centímetros), y entonces pasábamos a la toma
siguiente. "Calculo
que habría entre diez y doce oficiales y, cuando yo me preparé para
entrar, salieron todos. La tienda de campaña medía alrededor de 6 x 9
metros. Los cuerpos parecían estar colocados sobre un lienzo encerado.
El tipo que daba todas las instrucciones agarraba una lámpara de flash
y se ponía en un lugar: `¿Ven esta lámpara', decía. Respuesta: `¡Sí,
señor!'. `¿Están enfoco con ella`¡Sí, señor' `Tomen una foto de
esto'. Entonces sacaba la lámpara. Nos , movíamos en círculo, tomando
fotos. Me parecía que los cuerpos eran idénticos: oscuros, delgados,
con una cabeza demasiado grande. Yo torné unas treinta fotos. Creo que
tenía unos quince carretes. Había un olor raro allí. "A.K.
volvió en un camión que estaba cargado de escombros. Un lote de
fragmentos que antes no estaban ahí sobresalían de la caja. En el
camino de vuelta al aeropuerto (Roswell), nos dijeron que olvidáramos
todo lo que habíamos visto. A eso de las cuatro de la mañana
siguiente, nos despertaron, desayunamos y subimos al B‑52. Una vez
en Anacostia, un capitán de corbeta terminó de `lavarnos el cerebro'
(tanto a F.B. como a su amigo A.K. se les dijo claramente que lo que
fuera que creyeran haber visto en Nuevo México, no lo habían visto jamás)." Habría
cantidades de hombres involucrados de una forma u otra en la recuperación
de los cuerpos y los restos de los aparatos accidentados en tres sitios
de la zona de Corona: el campo de escombros descubierto primeramente por
Brazel, el lugar donde aterrizó el aparato y el punto donde fueron
encontrados los cuerpos en sus "cápsulas de escape" y donde
suponemos que F.B.
tomó sus fotos. Pocos de estos hombres han podido ubicarse, y la mayoría
habría muerto mucho antes de que alguien pensara en acercarse a ellos
para entrevistarlos. En
cuanto al aterrizaje violento en las Planicies de San Agustín, 240 kilómetros
al oeste, la llegada de los militares fue observada por alrededor de
doce civiles: Gerald Anderson y su familia, un grupo de estudiantes de
arqueología o geología con su profesor, y el ingeniero gubernamental
Barnett. De éstos, Barnett les contó a varios amigos algo de esta
experiencia, y Anderson entró en grandes detalles sobre lo ocurrido
cuando aparecieron los militares mientras él y los otros trataban de
darle algún sentido a esta traumatizarte experiencia. Según
un amigo cercano de Barnett, Vern Maltais, aquél habría dicho:
"Mientras mirábamos los cuerpos, un oficial militar llegó en un
camión con el chofer y tomó el control. Le dijo a todo el mundo que el
ejército se haría cargo de la situación y que abandonaran el lugar.
Otros militares llegaron y acordonaron la nona. Nos dijeron que nos fuéramos
y que no habláramos con nadie sobre lo que habíamos visto, que era
nuestro `deber patriótico' permanecer en silencio". Gerald
Anderson, en su entrevista de setiembre de 1990, describió estos hechos
con énfasis: "Los
soldados nos indicaban por dónde ir retrocediendo y caminaban al lado
del auto. Cuando llegamos a la ruta, vimos que hormigueaba de soldados.
Había barricadas y de todo. Y la última vez que vimos al profesor
Buskirk y sus estudiantes, estaban parados allí hablando con otro
soldado (Glenn dijo que parecía un oficial) y Buskirk señalaba hacia
el sitio del aterrizaje. A nosotros nos hicieron tomar hacia el este por
la ruta a Datil. Y nos gritaron: `¡No paren, no vuelvan!'. Cuando miré
para atrás y vi el plato volador clavado en el suelo, justo cuando
dimos la vuelta a los árboles, había un montón de soldados y estaban
todos alrededor del aparato, pero ya no pude ver a la tripulación (del
plato volador) que antes estaba en el suelo. Estaban llegando más vehículos
y maquinaria y parando allí. Como el camión que había llegado
primero. "Los
soldados se movían alrededor. Estaban haciendo muchas tareas raras y
tirando una especie de cables. También parecía que ponían algo en el
suelo, y sacaban cosas de los camiones. Un montón de ellos simplemente
estaba parado ahí. Pero la actividad era frenética. Cuando entramos en
la ruta principal, ya habían puesto una barrera y estaban trayendo
cosas, y me acuerdo que había un jeep que arrastraba un trailer con un
motor, como un generador. Cuando estábamos en la ruta, Ted preguntó a
un soldado: `¿Podemos volver hasta el almacén y comprar algo para
tomar?'. `¡No! ¡Váyanse para allá! ; el soldado apuntó hacia el
este. Fue activo y directo." Una
vez que los Anderson fueron ahuyentados del sitio del accidente y ya
estaban camino a casa, los militares pudieron proceder como querían sin
nadie que los observara. Los materiales que retiraron fueron llevados
con rumbo desconocido, si bien se ha sugerido como posible destino White
Sands/Alamogordo, y también Los Álamos y la Base Sandia. Estos lugares
tienen instalaciones científicas que permitirían analizar los restos
del accidente y hasta los cuerpos, y todos tienen altas condiciones de
seguridad. Pero las claves no son lo que uno esperaría... hasta ahora. En
algún lugar hay una gran cantidad de material y probablemente piezas
bastante grandes de dos o más ovnis que vinieron a terminar sus días
dentro de las fronteras estadounidenses, y tal vez en el territorio de
una o más naciones amigas. Donde exactamente, es un misterio. Incluso
los fragmentos que fueron a parar a Wright Field desde Roswell y Fort
Worth pueden no estar allí hoy. Tal vez fueron trasladados varias veces
por razones de seguridad y para la investigación científica top secret. Abundan
rumores de que Estados Unidos estuvo involucrado en un intento de hacer
volar un ovni capturado, desde una de sus bases secretas en Nevada.
Algunos individuos afirman incluso que hemos trabajado en estrecha
colaboración con extraterrestres para adaptar su tecnología a nuestros
usos. Y que algunos de nuestros primeros aviones furtivos (en particular
el caza Lockhed F-117 y el bombardero Northrop B-2) se beneficiaron del
asesoramiento "externo". Pero no hay absolutamente ningún
fundamento para tales afirmaciones; por lo tanto, deben considerarse tan
sólo rumores. Los autores creen que puede tratarse incluso de
desinformación aportada por representantes gubernamentales anónimos,
para confundir aún más la escena del fenómeno ovni. En
un nivel mucho más razonable, se ha sugerido que el primer material
extraterrestre recuperado era tan técnicamente avanzado que no podía
ser entendido ni siquiera por los más brillantes y experimentados científicos.
Se ha hecho una analogía con el hipotético regalo de un moderno reloj
digital electrónico a Leonardo da Vinci, uno de los verdaderos genios
en la historia de la Humanidad. Da Vinci no sólo hubiera sido incapaz
de imaginar cómo funcionaba, sino que además no hubiera tenido ninguna
clave para averiguarlo. El chip del tamaño de una estampilla no hubiera
significado nada para él, y tampoco el registro de cristal líquido. No
hubiera tenido más remedio que guardarlo con la esperanza de que, en el
futuro, alguien averiguara algo que permitiera descifrar el extraño
dispositivo. Lo
mismo podría decirse de los ovnis que se estrellaron en Nuevo México
en 1947: tal vez estaban tan avanzados en comparación con nuestra
ciencia y tecnología, que los esfuerzos para entender incluso pequeñas
partes de ellos resultaron totalmente
inútiles. Entonces se habrían almacenado, controlándose periódicamente
para comprobar si los últimos conocimientos arrojaban alguna luz sobre
su exótica composición. Podríamos
estar esperando todavía que nuestros conocimientos científicos los
alcancen. O tal vez sí descubrimos cómo funcionaba el ovni modelo 1947
y estamos empleando ese conocimiento. O quizás aprendimos realmente cómo
está construido un aparato extraterrestre, cómo se opera y cómo
vuela. RUMBO A LO DESCONOCIDO Los
detalles sobre la recuperación y embarque de los restos y los cuerpos
de los aparatos siniestrados en Corona y las Planicies de San Agustín
son escasos. Como esto fue hecho por los militares en zonas remotas
donde los pocos residentes eran conscientemente patrióticos, era mucho
más fácil mantener en secreto los detalles que los despojos observados
por civiles. Quiénes estuvieron involucrados y dónde se llevó el
material son temas para la investigación. Como
se sabe, todo empezó cuando Mac Brazel llevó algunas muestras de
escombros encontrados en la hacienda Foster a la oficina del sheriff
George Wilcox en Roswell, el 6 de julio. Después que el mayor Marcel y
el oficial de contrainteligencia Cavitt dejaron Roswell para dirigirse
al Foster Ranch, las muestras aparentemente quedaron abandonadas en la
oficina del sheriff, ya que no tenía sentido llevarlas de vuelta a la
hacienda. Según las hijas del sheriff Wilcox, entrevistadas en 1990, el
ejército llegó hasta ahí, hizo bastante ruido y se llevó los extraños
fragmentos. Casi con seguridad, éstos fueron a parar directamente a la
oficina del coronel William Blanchard, comandante del campo de
aterrizaje Roswell. Qué
hizo exactamente Blanchard con las muestras sólo puede suponerse, pero
parece muy probable que las enviara por aire al cuartel general de la
Octava Fuerza Aérea en Fort Worth, Texas, donde el comandante de esta
unidad, el general Roger Ramey, se hizo cargo de ellas. Según el
brigadier general retirado Thomas Jefferson DuBose, entrevistado en 1990
por Stanton Friedman, el material del accidente de Corona estaba en Fort
Worth dos o tres días antes de la conferencia de prensa del 8 de julio,
el, la que el general Ramey expuso la falsa historia del globo meteorológico. Esas
muestras pudieron haber llegado a Fort Worth mientras Marcel y Cavitt
todavía estaban camino a la hacienda Foster, cuando .prácticamente
nadie en el mundo había tomado conciencia de que algo inusual había
ocurrido cerca de Corona. Esto era probablemente la pequeña cantidad de
material que el entonces coronel DuBose vio envuelto en plástico y
atado a la muñeca del Coronel Al Clarke, comandante de la base de Fort
Worth Con su preciosa carga llevada a la categoría de correspondencia
diplomática secreta, Clarke fue trasladado en avión a la ciudad de
Washington, por orden directa del general Clemente McMullen comandante
interino del Comando Estratégico del Aire en la base Andrews de la
Fuerza Aérea. Fue McMullen quien dio la orden telefónica a DuBose de
llevar los fragmentos por esa vía e inventar una historia de
encubrimiento para engañar a la prensa. No se sabe qué ocurrió con el
material cuando llegó a Washington, pero pudo muy bien haber jugado un
papel importante en la tarea de convencer a quienes estaban a 3.200 kilómetros
de Nuevo México sobre que "algo de significación cósmica"
había ocurrido. Cuando
Marcel y Cavitt volvieron al campo de aviación Roswell a primera hora
de la mañana el 8 de julio, traían consigo dos coches llenos de
escombros. Fueron éstos, o por lo menos gran parte de ellos, los que
Marcel acompañó en un vuelo a Fort Worth v que describió como
ocupando "la mitad de un B‑29". Si bien el B‑29
era un avión grande, fue diseñado para llevar elementos pesados
(bombas) antes que una cantidad considerable de objetos más livianos
que podrían llevarse en un mero avión de carga. Por lo tanto habría
sido posible llenar hasta la mitad el espacio de almacenaje de un
B‑29 (su compartimiento para bombas) con tan sólo los escombros
cargados por una estanciero y un jeep. No
se sabe
cuántos
aviones despegaron del aeropuerto de Roswell cargando despojos del sitio
de Corona, o si todos ellos fueron trasladados. Wright
Field (luego Base de la Fuerza Aérea Wright‑Patterson), en Dayton,
Ohio, es a menudo citado como el destino de uno o más de estos vuelos.
Wright parece un destino lógico, ya que albergaba buena parte de los
laboratorios científicos de la Fuerza Aérea y allí trabajaban algunos
de los técnicos más brillantes del arma. Pero los detalles simplemente
no han sido desenterrados. Hay
razones para creer, sin embargo, que por lo menos un avión fue enviado
desde Wright Field ya sea a Roswell o a Fort Worth, para recoger
material y devolverlo a Wright Field. El hijo de un hombre que
supuestamente estaba en ese vuelo le dijo a Stanton Friedman que la
tripulación incluso jugó con parte de los fragmentos en el vuelo de
regreso. Se
sabe que no mucho tiempo después que Marcel y Cavitt volvieran de la
hacienda Foster con su carga de fascinantes fragmentos, una fuerza
militar mucho más amplia fue enviada al lugar para recoger hasta la última
partícula. Los residentes testificaron que la policía militar levantó
barricadas alrededor de la hacienda, manteniendo al público lejos de la
escena. También mantuvieron alejada a la prensa, como afirmó Jud
Roberts, entonces gerente de la estación de radio KGFL, en una
entrevista de 1990: "Yo quería ir al sitio del, accidente. El dueño
de la estación W.C.Whitmore había estado allí, pero al igual que yo
no pudo llegar cerca. Pensé que podríamos hacerlo por caminos
laterales, que hay muchos en la zona, pero tampoco lo logramos".
Los dos hombres tropezaron con policías militares que les advirtieron:
"Lo lamentamos, pero el camino está cerrado. Están en un área
restringida, ¿entendido?". Y agrega Roberts: "No era algo
raro. Ya habíamos tenido experiencias semejantes antes, cuando se
produjeron accidentes de aviación. Habían bloqueado toda la zona y era
perfectamente razonable, me parece. Creo que no llegué ni a 25 kilómetros
(del sitio del accidente en la hacienda Foster) ". Aunque limitada, la evidencia de la zona de Corona sugiere que hubo tres sitios separados vinculados con el siniestro: el llamado campo de escombros en la hacienda Foster, donde tantos fragmentos fueron encontrados por Brazel y luego recogidos por Marcel y Cavitt; un sitio a varios kilómetros de allí donde estaba el cuerpo principal del aparato; y un lugar, a dos o tres kilómetros de este último, donde fueron encontrados los cuerpos dentro o cerca de lo que Glenn Dermis describió como "cápsulas de Escape". ¿CUATRO U OCHO EXTRATERRESTRES?
El
total de extraterrestres recuperados puede ser hasta ocho: tres muertos
y tal vez uno vivo del siniestro en la hacienda Foster, y tres muertos y
uno vivo del ocurrido en las Planicies de San Agustín. Pero
independientemente del total, deben de haberse reunido suficientes
partes corporales como para mantener ocupado durante largo tiempo a un
equipo médico de primera categoría, disecando, analizando v elaborando
teorías, y luego escribiendo sobre el acontecimiento más espectacular
en la historia de las ciencias biológicas. Mantener tal información oculta e impedir su acceso a la comunidad científica puede considerarse un desmesurado acto de maldad, ya que es muy posible que estos conocimientos llevaran a importantes avances médicos v científicos. Además, si tan sólo un extraterrestre hubiera vivido lo suficiente como para establecer con él por lo menos la más simple de las comunicaciones, se habría logrado un asombroso aumento de los conocimientos ,Generales. Lamentablemente, la insistencia del gobierno norteamericano en mantener un secreto absoluto impidió al mundo acceder a una colosal oportunidad de acrecentar el conocimiento humano. |